
Los Gritos del Ayer
“Jehová mata, y él da vida; El hace descender al Seol, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. El levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso… El guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su propia fuerza”. 1 Samuel 2:6-9
Un Artículo muestra lo siguiente: “El maltrato psicológico se basa en comportamientos intencionados, ejecutados desde una posición de poder y encaminados a desvalorizar, producir daño psíquico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal. Su padecimiento lleva a la despersonalización, al mismo tiempo que genera dependencia de la persona que los inflige. El maltratador se vale para ello de insultos, acusaciones, amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones, silencios, indiferencias y desprecios”.
Una de las personas que más he admirado al leer la Biblia es la una mujer, su nombre es Ana. (1Sam.1). Una mujer con un temple fuerte pero con un corazón frágil y debilitado con el tiempo por su “adversario”, Penina.Día tras día, Ana, mujer de Elcana, recibía las burlas, insultos y vergüenzas de Penina; al recordarle constantemente su “infertilidad”. Ella como buena mujer, ocultaba aquellos maltratos inducidos por su rival. Dice la Biblia: “por lo cual Ana lloraba, y no comía”. (1Samuel 1:7)Pero como dice un dicho Gota a gota se llena el vaso, Ana no contuvo más sus pocas fuerzas que le quedaban; y llorando se apartó rumbo al templo. Ella sabía que el único consuelo que podía tener era buscando la ayuda de su Señor. El Salmista escribía: “Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido”. (Salmos 63:7)Ana, con el corazón en las manos, se postró ante Dios, humilló su rostro y poco a poco fue liberando aquellos gritos, palabras, que atormentaban su vida.
Hoy muchos viven sufriendo por aquellos gritos del ayer, aquellas palabras duras que han marcado los corazones, pero hoy puedes ser libre, y decir como Ana: “Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. El levanta del polvo al pobre…”.¡Puedes decir con toda libertad esto.!
Un Artículo muestra lo siguiente: “El maltrato psicológico se basa en comportamientos intencionados, ejecutados desde una posición de poder y encaminados a desvalorizar, producir daño psíquico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal. Su padecimiento lleva a la despersonalización, al mismo tiempo que genera dependencia de la persona que los inflige. El maltratador se vale para ello de insultos, acusaciones, amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones, silencios, indiferencias y desprecios”.
Una de las personas que más he admirado al leer la Biblia es la una mujer, su nombre es Ana. (1Sam.1). Una mujer con un temple fuerte pero con un corazón frágil y debilitado con el tiempo por su “adversario”, Penina.Día tras día, Ana, mujer de Elcana, recibía las burlas, insultos y vergüenzas de Penina; al recordarle constantemente su “infertilidad”. Ella como buena mujer, ocultaba aquellos maltratos inducidos por su rival. Dice la Biblia: “por lo cual Ana lloraba, y no comía”. (1Samuel 1:7)Pero como dice un dicho Gota a gota se llena el vaso, Ana no contuvo más sus pocas fuerzas que le quedaban; y llorando se apartó rumbo al templo. Ella sabía que el único consuelo que podía tener era buscando la ayuda de su Señor. El Salmista escribía: “Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido”. (Salmos 63:7)Ana, con el corazón en las manos, se postró ante Dios, humilló su rostro y poco a poco fue liberando aquellos gritos, palabras, que atormentaban su vida.
Hoy muchos viven sufriendo por aquellos gritos del ayer, aquellas palabras duras que han marcado los corazones, pero hoy puedes ser libre, y decir como Ana: “Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. El levanta del polvo al pobre…”.¡Puedes decir con toda libertad esto.!
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