domingo, junio 17, 2007


Tengo un sentimiento de Culpa grande: ¡Ayúdame!
Isaías 1:18
“…si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana…”
Un Artículo relata lo siguiente:
“En nuestra vida experimentamos multitud de situaciones que nos despiertan sentimientos y emociones. Unos son de alegría y regocijo, y estimulan la risa e incluso el llanto de emoción. Otros son de tristeza y dolor, y nos llevan al silencio y al desconsuelo. Esto último sucede con el sentimiento de culpa. Cuando aparece, si no se sabe manejar correctamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos.”
El Apóstol Pedro, aquel hombre que fue usado con el Poder de Dios, quien tuvo el privilegio de caminar sobre las aguas junto al maestro, ver los milagros de Jesús, y en su primera prédica ver salvadas a mas de tres mil personas (Hech.2:41); tubo que superar un conflicto interno, que lo ataba y no lo dejaba tranquilo: Ver cara a cara a su maestro después de negarlo.
Dice la Biblia que Pedro, negó tres veces a Jesús (Jn.18:27) y después de este acontecimiento, se refugió en el silencio y en la soledad.
Pero cuando Jesús resucitó, Pedro y los demás discípulos tuvieron una cena junto con el maestro; aparentemente todo era calma; pero el corazón de Pedro estaba intranquilo, inseguro, se sentía culpable por fallar a su amigo.
Jesús al notar el rostro esquivo de Pedro, se le acerca (Jn.21:15-17) y con una voz tierna y firme tres veces le dice: ¡Me amas…!
Pedro, al notar que no podía ocultar el sentimiento de culpa que le embargaba; lo miró y con lágrimas en los ojos le dijo a su Maestro: “Jesús tú lo sabes todo… Sabes que te amo”.
Pedro fue libre de aquello que lo ataba en aquel momento, de ese sentimiento de culpa que no lo dejaba andar con libertad. Pedro: Derramó su corazón ante Jesús y le dijo: Tú lo sabes todo…
Nunca olvides esto: Jesús lo sabe todo, y está dispuesto siempre a ayudarte.

martes, junio 12, 2007


Economía familiar del 25% de la población limeña y chalaca ha mejorado

(RPP).- El 25% de los limeños y chalacos considera que su economía actual está “mejor” que hace un año, mientras que 56% la califica de “igual” y sólo el 17% opina que está “peor”, según lo revela una encuesta realizada por el Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima.
Asimismo, el 64% de la población encuestada califica a la situación económica actual del país como “regular”; mientras que el 16% sostiene que es “muy buena o buena”, y un 19% considera que es “mala o muy mala”.

El sondeo, realizado entre ciudadanos de 18 a 70 años en 35 distritos de Lima y Callao, entre el 2 y 3 de junio pasado, revela también que el 29% de la población limeña y chacala estima que dentro de un año la situación económica del país será "mejor"; el 44% estima que será “igual” y el 17% opina que será "peor".

viernes, junio 08, 2007


Necesito amar y ser amado
Juan 4:18

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor...”

Los seres humanos padecemos todo tipo de temores, producto de la conciencia de nuestra vulnerabilidad. Pero el temor más agudo se relaciona con la posibilidad de perder el amor o la estima de los demás, de ser rechazados y abandonados por no ser capaces siempre de actuar de acuerdo a lo esperable. Somos imperfectos, pecadores, somos culpables y merecemos castigo. Esto nos llena de miedo e inseguridad.
Dios nos ofrece el mejor antídoto contra este temor: el perfecto amor. ¿Qué es el perfecto amor? Es el amor que tiene su origen en Dios mismo, ya que es su misma esencia: “el amor es de Dios” (1 Juan 4:7), “Dios es amor” (vs.8). Es el amor de Dios que toma la iniciativa: “nosotros le amamos a El, porque El nos amó primero” (vs.19). Es el amor de Dios que se expresa en forma práctica, dando lo máximo sólo por gracia: “envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (vs. 10b). Es el amor de Dios que echa fuera el temor, librándonos de la culpa y, con ello, del temor al castigo, al abandono y al rechazo.Sin embargo, el amor de Dios que se brinda de esta manera no se completa sin nuestra respuesta voluntaria que se mostrará en el deseo de aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor, permaneciendo en El en amor, es decir, guardando sus mandamientos (Juan 15:9,10). Paradójicamente, cuando amamos a Dios, comenzamos a temerle siendo realmente libres y felices: “Bienaventurado (feliz) el hombre que teme (honra) a Jehová y en sus mandamientos se deleita en gran manera” (Salmo 112:1). El temor que proviene de la conciencia de nuestra imperfección humana es fuente de inseguridad, angustia e incertidumbre. Quita la paz, enferma las emociones y el cuerpo. En cambio, el temor a Dios, que implica reverencia y obediencia a sus mandatos, inspirado en el amor a El, da por resultado paz, sosiego, felicidad y confianza.

miércoles, junio 06, 2007


Seguridad en Momentos difíciles


El camino de Jehová es fortaleza al perfecto; Pero es destrucción a los que hacen maldad. El justo no será removido jamás; Pero los impíos no habitarán la tierra. (Proverbios 10:29)
La fortaleza del Real Felipe, la más grande de todas las construidas por España en sus colonias de América, está ubicada en el Puerto del Callao. Fue construida en 1747 como defensa contra los ataques de los piratas que sabían que de allí partían los galeones cargados con el oro de los Incas. La colosal construcción duró 27 años y tuvo un costo de tres millones de pesos. Esta fortaleza tiene una forma pentagonal abaluartada, con muros de 4 metros de altura y un perímetro externo de 1.580 metros, alrededor del cual se extendía un foso de agua de 16 metros de ancho por 2,5 metros de profundidad.
Para aquella época representó Poder, Seguridad y relativa Paz.
El hombre por necesidad de protección y/o refugio, es por ello que ha erigido Fortalezas alrededor del mundo; Incluyendo ahora, el hombre sigue construyendo fortalezas en su vida.
Esta protección es la que actualmente muchas personas buscan en todas partes. Proteger sus vidas del dolor y/o enfermedad; es por ello que compramos seguros o pólizas que cubran gastos de enfermedades u operaciones.
Otros anhelan tener Protección para la soledad, lo cual determina que muchas personas se equivoquen al escoger al hombre (mujer) en la formación de su nuevo hogar.
Personas que anhelan proteger sus inversiones de toda la ruina, es por ello que buscan obtener mejores bancos, créditos, hipotecas, para así asegurar “el futuro” de los suyos. Y por último, protegerse de la muerte.
Protección, Seguridad y Paz, esto es lo que nuestra sociedad busca.
El Salmista mencionaba: Salmos 27:1, 3
Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? … Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado.
La Seguridad y Fortaleza sólo se obtiene, cuando uno pone totalmente su confianza en el Señor.
¿Cuáles son esas “fortalezas” que te impiden ver el poder de Dios?
¿Donde pones tu confianza? ¿En quien Confina tu corazón en esos valles de angustia?

lunes, junio 04, 2007


CORAZÓN
Corremos el riesgo que nuestro corazón se apague… el peligro de volvernos personas insensibles.
Quienes vivimos en las grandes ciudades somos propensos a dejar de pensar en el prójimo como alguien a quien ayudar y comenzar a verlo como si se tratase de un estorbo, un elemento del paisaje urbano que debemos sortear para poder llevar adelante nuestros compromisos cotidianos.
No le escribo como si me dirigiera a un individuo egocéntrico o ambicioso, de esos que ya ni siquiera ven a los demás como una molestia sino que los consideran “escalones” a utilizar para alcanzar sus propios objetivos (bueno… espero que esta no sea su situación… si así fuera le recomiendo detener la marcha, analizar los resultados de una vida que se plantea de esa manera, y entonces reordenar las prioridades esenciales que configuran los mínimos principios de fraternidad).
Me dirijo a usted, que en forma honesta desea progresar por la vida y, en el camino, intenta ser una persona más solidaria y compasiva.
Si queremos cultivar una sana preocupación por el prójimo, entonces debemos evitar estas dos maneras de encarar la vida: a).- Estar demasiado ensimismados en nosotros mismos y en nuestros problemas; b).- Generalizar las relaciones y situaciones.
La primera tiene que ver con el plano interior. Si mi atención está centrada en exceso en lo que me sucede a nivel personal, es muy probable que maximice lo que en realidad me ocurre y me olvide (y tal vez menosprecie) las necesidades de mi prójimo.
La segunda está relacionada con el aspecto exterior, con las malas experiencias en el camino de la solidaridad. Cuando en reiteradas ocasiones hemos sido defraudados por los demás, somos proclives a generalizar las relaciones, negociar nuestra confianza y no distinguir claramente entre el engaño y el padecimiento real.
En cierta ocasión se le preguntó a Jesucristo sobre el mandamiento más importante. Él respondió: “El primero y más importante de los mandamientos es el que dice así: ‘Ama a Dios con todo tu corazón; es decir, con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales’. Y el segundo mandamiento en importancia es: ‘Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo’. Ningún otro mandamiento es más importante que estos dos”. Marcos 12.29-31 (TLA).
Todos tenemos problemas. Todos hemos sido defraudados por otros. Pero el cambio no llega cuando eludo la realidad y escojo una posición que me brinde una relativa seguridad.
La senda hacia una equilibrada preocupación por el prójimo involucra un proceso continuo que se retroalimenta siguiendo este sencillo esquema: “porque amo a Dios puedo desarrollar un sano amor propio. Porque tengo amor propio puedo amar a mi prójimo como a mí mismo… y obrar en consecuencia”.
CRISTIAN FRANCO

sábado, junio 02, 2007


Cuanto me amas Pedro…
Mateo 26:75
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

“Porque, porque le negué… porque lo hice; Él era mi Maestro… si Él era mi amigo…”
Que pensamientos habrían estado en el corazón de Pedro cuando le negó a Jesús; quizás usted me dirá: “Pero tenía mucho miedo...” o quizás podemos decir “Su fe se debilitó y fue un cobarde…” pero lo cierto es que Pedro, después de este acontecimiento, no volvió a ser el mismo.
Imaginémonos por un momento ¿Dónde se habría escondido? Quizás se encontraba en la casa de María y Lázaro, o tal vez en la casa de su Suegra recordando como Jesús la sanaba; o quizás estaba en aquella barca donde Jesús hizo aquella pesca milagrosa, pero ahora, él estaba llorando de dolor por aquel acto de traición.
Quizás Pedro estaba caminando sin rumbo por aquellas calles donde su amigo, su maestro, Jesús caminó; llevando aquella cruenta cruz. Miraría cada gota de sangre que el debilitado y maltratado cuerpo del maestro botaba sin parar. De repente Pedro habría llegado a la casa de Zaqueo; aquel hombre de pequeña estatura que conoció del amor de Jesús, o de repente se habría cruzado en aquel estanque de agua donde Jesús conversaba con la Mujer Samaritana.
Pedro, el amigo de Jesús, lo había negado. Donde se habría escondido, la Biblia no lo dice con exactitud; pero desde aquel día Pedro cambió.
Esos tres días de espera, eran muy largos, pero recordaba aquellas palabras de su amigo y maestro: “Al tercer día resucitaré...” y Pedro anhelaba verlo.
Pedro, caminó por aquel valle de oscuridad; sólo, sin rumbo definido, pero con la confianza de que su maestro amigo volvería.
Dice la Biblia en Juan 21:15: “Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”, era como si Jesús le dijera: “Yo se que me has negado, y que no has estado a mi lado en esos momentos difíciles; pero sólo dime si me amas.”
Pedro con lágrimas en los ojos, y con el corazón arrepentido le dijo a su amigo: “…Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.” (Juan 21:17)
Hoy Jesús, tu amigo y maestro te dice esto: Sólo dime que me amas. No importa el valle de oscuridad o soledad o aquel lugar donde te encuentres; solo recuerda: Jesús esta ahí contigo y listo para consolarte, y ayudarte.

  Josh McDowell y Kevin Johnson, escriben en "Devocionales para la familia": Dios no te diseñó para superar sólo los momentos más ...