martes, agosto 14, 2007


Amigos hay, más unidos que un hermano

Texto Bíblico base: Marcos 2:1-12
En muchas ocasiones en la vida nos encontraremos frente a personas que, por diversas circunstancias, están tan debilitadas que no tienen en sí mismas las fuerzas para procurar una solución para su situación. Estos pueden ser, como en el caso de esta historia, los que padecen algún tipo de grave impedimento físico. También pueden ser los que están derrotados y desanimados anímicamente, como aconteció con Elías cuando huyó al desierto. Sea cual sea la causa de su discapacidad, recae sobre nosotros la responsabilidad de hacer por ellos lo que no pueden hacer por sí mismos.
La historia de esta semana es una preciosa ilustración de este principio. El paralítico no podía llegar a la persona de Jesús. Ni siquiera sabemos si estaba interesado en hacerlo. Con frecuencia esta clase de persona ha perdido la esperanza y ya no cree que su situación tiene solución. El hecho es que los cuatro amigos decidieron hacer por él lo que él mismo no podía hacer: llevarlo hasta el Cristo. Observe que no se dedicaron a animarlo con palabras, aunque seguramente se sentirían tentados de hacerlo. Existe en nosotros el molesto hábito de creer que lo que necesita la persona que está en aflicción son palabras de ánimo. Armados con esta convicción, nos disponemos a citarle Romanos 8.28 a cuanto herido se nos cruza por el camino. El discapacitado, sin embargo, necesita de un socorro más visible y práctico que esto, y los cuatro amigos se dispusieron a ser para él sus piernas.
¿Puede usted imaginar la gratitud de esta persona, el alivio que sentía al encontrar la ayuda oportuna para su situación? Hace muchos años, estando frente a la posibilidad de la muerte de una hija, me encontraba completamente desgastado por la lucha que ella sostenía por su vida. No tenía ni fuerzas para orar. Hablando un día con una profesora muy querida, ella me dijo: «No ores. Yo voy a orar en tu lugar, hasta que Dios te devuelva las fuerzas para orar.» ¿Sabe usted cuanto alivio trajo esto a mi corazón? Estaba sufriendo más por mis intentos de ser un «cristiano fuerte» que por la lucha de mi hija. Estas palabras me sirvieron para saber que, en tiempos de crisis, podemos —y debemos— contar con la cobertura de aquellos que nos aman.
Tristemente, como alguien ha observado alguna vez, el ejército cristiano es el único en el mundo que abandona a sus heridos en el campo de batalla. En algunos casos no solamente los abandonan, sino que vuelven para matarlos. Esto no es más que reflejo del pobre compromiso que tenemos los unos con los otros. Se profetizó de Cristo que «no quebraría la caña cascada ni apagaría el pabilo que se extingue» (Is 42.3). Esta clase de actitud solamente es posible cuando valoramos y atesoramos profundamente a los que están a nuestro alrededor, porque los vemos como preciosos a los ojos del mismo Dios que seguimos nosotros. Clame al Señor para que le dé esta clase de pasión por los demás.
¿Qué habrán sentido los cuatro cuando llegaron a la casa? ¿Qué decidieron hacer? ¿Por qué actuaron de esta manera?
Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para http://www.desarrollocristiano.com/

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