
Cuanto me amas Pedro…
Mateo 26:75
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Mateo 26:75
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
“Porque, porque le negué… porque lo hice; Él era mi Maestro… si Él era mi amigo…”
Imaginémonos por un momento ¿Dónde se habría escondido? Quizás se encontraba en la casa de María y Lázaro, o tal vez en la casa de su Suegra recordando como Jesús la sanaba; o quizás estaba en aquella barca donde Jesús hizo aquella pesca milagrosa, pero ahora, él estaba llorando de dolor por aquel acto de traición.
Quizás Pedro estaba caminando sin rumbo por aquellas calles donde su amigo, su maestro, Jesús caminó; llevando aquella cruenta cruz. Miraría cada gota de sangre que el debilitado y maltratado cuerpo del maestro botaba sin parar. De repente Pedro habría llegado a la casa de Zaqueo; aquel hombre de pequeña estatura que conoció del amor de Jesús, o de repente se habría cruzado en aquel estanque de agua donde Jesús conversaba con la Mujer Samaritana.
Pedro, el amigo de Jesús, lo había negado. Donde se habría escondido, la Biblia no lo dice con exactitud; pero desde aquel día Pedro cambió.
Esos tres días de espera, eran muy largos, pero recordaba aquellas palabras de su amigo y maestro: “Al tercer día resucitaré...” y Pedro anhelaba verlo.
Pedro, caminó por aquel valle de oscuridad; sólo, sin rumbo definido, pero con la confianza de que su maestro amigo volvería.
Dice la Biblia en Juan 21:15: “Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”, era como si Jesús le dijera: “Yo se que me has negado, y que no has estado a mi lado en esos momentos difíciles; pero sólo dime si me amas.”
Pedro con lágrimas en los ojos, y con el corazón arrepentido le dijo a su amigo: “…Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.” (Juan 21:17)
Hoy Jesús, tu amigo y maestro te dice esto: Sólo dime que me amas. No importa el valle de oscuridad o soledad o aquel lugar donde te encuentres; solo recuerda: Jesús esta ahí contigo y listo para consolarte, y ayudarte.
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